sábado, 14 de enero de 2017

Algunos hombres malos


Llevaba un par de semanas intentando respirar profundo y contar hasta diez antes de escribir la opinión que me merecen las palabras despreciables de un infraser con un cargo en la justicia al que difícilmente podrá hacer honor, por mala que creamos que la justicia española pueda ser.
Me he dado tiempo porque ya he tenido algunos avisos por decir las cosas claras en las redes sociales y estoy cansada de cargar con las repercusiones personales y profesionales con las que me lastra el activismo feminista. Bueno, no el activismo, sino el no esconderlo. El sistema no podrá callarme pero reconozco que a día de hoy su éxito es parcial porque pienso lo que antes no pensaba. Calculo las palabras donde antes elegían cada adjetivo la pasión o la ira por el sistema que nos machaca, nos invisibiliza, nos culpabiliza.
En mi cabeza, durante bastantes noches, han pasado tantos ejemplos de algunos hombres malos que cada minuto de cada día del año desde que el mundo es mundo asesinan, golpean, asustan, degradan, envilecen, perjudican, ningunean, acosan, agobian, desprecian, critican, degradan, engañan, violan, ocultan mujeres; tantos, que me pregunto cuántos millones de algunos nos hemos cruzado en  nuestras vidas. 
Algunos hombres malos que hacen daño y vemos o llegamos a saber. Otros algunos (y vamos sumando y sumando) que lo hacen pero nunca llega a saberse porque se ocultan mejor o durante más tiempo.
Como los algunos que no sabemos si hacen pero se burlan de quienes nos oponemos y señalamos. Los que no cuentan el chiste pero se ríen. Porque las cosas que los hombres, o el sistema creado por ellos, hacen a las mujeres son siempre tan graciosas... Házselo a ellos para saber si su sentido del humor es tan inagotable cuando el tema les roza. A ver cuántos se ríen de un chiste de cortar penes. O de empalarlos. Por las palabras de la imagen siguiente recibí amenazas de muerte, de violación. Cientos de mensajes insultándome. ¿Dónde está el famoso humor masculino?


Están además los algunos que sabiendo callan y no miran a sus pares con el rigor y el asco que merecen. Más los que alzan tanto la voz que callan a cualquier mujer que aparezca a su alrededor. Y los algunos que se quejan de que ya nos pasamos. Los algunos que corean a miles un "puta" a una mujer o aplauden a un maltratador.
Están todos esos algunos más o menos anónimos que agreden a las mujeres de pensamiento, palabra obra y omisión. Y están los que menos me gustan: los otros algunos que añaden a ello su voz pública. Que en lugar de afear la conducta de los asesinos parecen dedicados en cuerpo y ¿alma? a decirnos a las mujeres cómo ser buenas. Como ser adecuadas. Qué hacer y cuándo y cómo. Me da igual que sea Pérez Reverte, Javier Marías, Sostres, Manuel Molares do Val. Me da igual que sea un José Mota riéndose de las reivindicaciones feministas en  TVE (bueno, no me da igual porque yo la financio, pero esa es otra historia) o Bertín en una cadena, pública o no. No me importa si es el machiprogre por excelencia en la cadena de moda dando visiones sesgadas de la realidad. Todos ellos, desde el primero hasta el último y la lista es corta aquí pero los ejemplos suman millones, son tan cómplices de la violencia machista como el que golpea y asesina. Todos ellos son algunos de los algunos hombres malos. Todos son culpables. 
Y, sí, ahórrense contarme que también hay algunas mujeres malas. Lo sé. Y que hay hombres buenos y no he hablado de ellos. Hoy hablamos de hombres, alégrense. Algunos hombres malos que son, para no variar, el centro de atención.

María S. Martín Barranco
@generoenaccion